sábado, 4 de noviembre de 2017

"Street Art" en Kiev



"Freedom", por el artista Alex Maksiov
En este post me gustaría mostrar una parte de Kiev generalmente desconocida para el turista, pero que merece la pena, sin ninguna duda. Y es que en los últimos años la capital de Ucrania se ha convertido en una ciudad llena de murales que muestran la visión, la reivindicación o simplemente la creatividad de numerosos artistas callejeros, tanto nacionales como internacionales. Embelleciendo los edificios de la ciudad, pocos barrios se libran de una tendencia hoy día en auge. 

Y es que actualmente más de un centenar de estos murales impregnan vida y color a la ciudad. Tanto es así, que en 2015 el bloguero ucraniano Sergii Gryshkevych configuró una página web con su pertinente aplicación para móviles en la que es posible localizar cada uno de los 149 murales, así como su artista correspondiente. He de decir que cuando visité la ciudad hace unos días, ni siquiera tenía constancia de un mísero mural, pero sí que llamó mi atención encontrar tal cantidad. A la mañana siguiente, y gracias a un chaval australiano con el que entablé conversación durante uno de los “Free Tours” en los que participé, supe de su existencia. Lamentablemente, debido al tamaño de la urbe, solo fui capaz de fotografiar unos pocos, la mayoría de los cuales iba encontrando por casualidad. Pese a esto, todos ellos esconden un pedazo de historia en cada uno de los ladrillos que dan consistencia a estas obras de arte. 

Creo que debo empezar por el mural del artista portugués Alexandre Farto en el que pintó a Serghiy Nigoyan. Durante las protestas conocidas como Euromaidán –o Revolución de Maidán- contra el expresidente Víktor Yanukóvih, este joven activista (21 años) ucraniano de origen armenio fue la primera persona en morir durante las protestas. Las manifestaciones comenzaron cuando el entonces presidente cambió de parecer y, en lugar de firmar un acuerdo con la Unión Europea, se decantó por la oferta de su vecina Rusia, de la que obtendría más beneficio económico, en lugar de mayores garantías políticas, pero menos dinero, que era la concesión europea. Muchas personas consideraron esto un retroceso social, se lanzaron a las calles y se instalaron en la plaza de la Independencia para protestar contra el Gobierno, lo que provocó una creciente tensión que en febrero de 2014 desembocó en un enfrentamiento con la policía que se saldó con 84 muertos, 15 policías entre ellos. El citado Nigoyan había fallecido un mes antes debido a un disparo de bala. Este mural se puede localizar fácilmente subiendo por la calle Mykhailivska nº 226.

Serghiy Niyogan, primera víctima en la Revolución de Maidán, por A. Farto


Mural "Lilly of the Valley", obra de van Helten
Otra obra maestra se encuentra en la calle Striletska nº 28, donde hay pintado uno de los mejores trabajos de toda la ciudad: “Lilly of the Valley”, realizado por el artista Australiano Guido van Helten. La temática del mural está inspirada en el poema de la escritora ucraniana Lesya Ukrainka, también activista en su siglo, el XIX.
 
“Freedom” (libertad), mural pintado por el artista ucraniano Alex Maksiov, especialista en trabajar con efectos visuales en tres dimensiones. Este fue el que más me gusto, por aquello que es capaz de transmitirme: una buena idea capaz de viajar libre como el vuelo de los pájaros y posarse en una rama, desde la cual alumbrarnos. Se puede disfrutar en la calle Ivana Franka nº 12.

El artista belga ROA es conocido por sus dibujos de animales y roedores, lo que hace que sea fácilmente distinguible de otros autores. Se puede ver en la calle Olesia Honchara nº 32a. Justo enfrente del mural de ROA, tenemos otra muestra de arte callejero que llegó desde España de la mano de Sebastián Velasco en 2016.


ROA, autor belga caracterizado por dibujos de animales y roedores
Pintada del español Sebas Velasco

Por supuesto, esto es únicamente una minúscula parte de los rincones que esconde la capital ucraniana, donde perderse para encontrar alguno de estos murales quizás sea la mejor manera de darse de bruces con otros tesoros visuales de la ciudad menos visitados por los turistas. Por si queréis echar un vistazo al resto de los murales a través de internet aquí os dejo el enlace a la página web en la que se encuentran, tanto registrados como actualizados, la mayoría de los murales de arte callejero:

Mural de Mata Ruda, artista nacido en Costa Rica
También dejo los links a varios artículos que me han ayudado a buscar información acerca de la historia de las respectivas obras arriba mostradas. Están en inglés, aunque con un vocabulario sencillo y asequible para la mayoría de los lectores:







Por último, quería comentar que existe la posibilidad de hacer un "Free Tour" de arte callejero. Para aquellos que no conozcáis esta forma de turismo, diré que es una de las mejores maneras de impregnarse de la cultura local, pues la mayoría de los guías son nativos o llevan muchos años viviendo en la respectiva ciudad. Estos guías realizan tours gratuitos tanto en español o inglés como en otras lenguas, si bien al final de cada uno el visitante deja una propina que varía entre los 5 y 10 euros. El "Free Tour" de arte callejero sale de la plaza de la puerta de la estación de metro Zoloti Vorota todos los días a las 11:00 de la mañana, con una duración de 2 horas y media. Este tour en concreto es en inglés (https://www.freetour.com/kiev/kyiv-street-art-walking-tour).











viernes, 3 de noviembre de 2017

Escapada a Zakopane



Vista del Morski Oko desde el camino al refugio
4:30 de la madrugada. Cogemos nuestras mochilas, cerramos con llave nuestro piso de estudiantes en Lublin y echamos a andar dirección estación de autobuses. En el camino nos encontramos con algunos compañeros de nuestro bloque de apartamentos, que salen de una de las discotecas del centro de la ciudad. Cruzamos el casco histórico y llegamos a nuestro destino 40 minutos después. Próxima parada: Zakopane. Situada en la región polaca de Podhale, frontera con Eslovaquia, esta ciudad fundada en el siglo XVI es considerada la capital de invierno en Polonia, tal es la afluencia turística que recibe para practicar deportes de montaña. 

Según la leyenda, un hombre llamado Gąsienica llegó hace ahora cuatro siglos a estas tierras, donde erigió un molino junto a sus dos hijos. Aunque pasó muchos años desconocida, la zona comenzó a hacerse popular cuando a mediados del siglo XVIII empezó la extracción de hierro por una empresa local. Ya que sus propietarios recibían numerosas visitas de hombres de negocios, poco a poco se fue convirtiendo en un lugar frecuentado por las clases pudientes debido a sus preciosos paisajes y balnearios. El primer hotel se construyó en 1885. Así, esta ciudad situada a los pies de los montes Tatra y perteneciente a la cordillera de los Cárpatos, ha desembocado en lo que conocemos hoy día.

A mediodía del viernes bajamos del autobús tras 8 horas y nos dirigimos al apartamento, a unos diez minutos de Krupówki, la calle principal de la ciudad. Esta pequeña avenida es idónea para saborear el queso ahumado en los puestos de los vendedores, decidirse por un paseo en un carro tirado por caballos o quizá tomarse una cerveza en un bar o restaurante, lugares amenizados por la noche con música local. Toda una atracción para el turista.

Equipo Zakopín
Tramo de ruta















Tras dejar nuestro equipaje damos una vuelta por el pueblo y aprovechamos para hacer la compra y echar un vistazo a las rutas que nos ofrece este parque nacional. La visita al lago Morskie Oko es obligada y hasta allí subimos al día siguiente. Nos levantamos temprano para aprovechar las horas de sol y, después de hacer unos bocadillos, cogemos un taxi (si bien lo normal es coger uno de los autobuses que salen cada 40 minutos desde la estación) que nos deja a la entrada del parque nacional. El acceso al parque es de unos 20 PLN (unos 5 €), aunque los estudiantes tienen descuento del 50%. El tramo de subida hasta el lago es bonito, aunque se hace por carretera asfaltada y está verdaderamente concurrido, lo que le quita encanto a lo que podría ser una ruta de una horita y poco magnífica. Eso sí, una vez arriba las vistas no defraudan en absoluto y la cámara réflex comienza a disparar sin cesar. El Morskie Oko yace a los pies de los picos alpinos ya cubiertos con un poco de nieve en sus cotas más altas.

Alcanzada la primera parte de la excursión viramos rumbo y cogemos una de las rutas que salen desde el lago, dirección a un refugio de montaña situado aproximadamente a tres horas de camino. Por fin aparecen los paisajes de película que caracterizan al parque y que convierten a uno en creyente a la fuerza. El camino está empedrado en su totalidad, si bien esto no le quita encanto a la caminata, que sube varios picos de algo más de dos mil metros de altitud, desciende a lagos de color perlado y concurre paralelo a la corriente de un río y su frondosa vegetación en su descenso final hacia el inicial tramo asfaltado. Se puede aprovechar el refugio para comer allí a medio camino, junto a la orilla de uno de los lagos que bañan los montes, e incluso se puede reservar habitación para pasar allí la noche si esta se nos hubiera echado encima. La excursión no excede las 8 horas, justo a tiempo para coger, presumiblemente, el último autobús de la tarde dirección Zakopane.


Empedrado presente en toda la travesía
Otra opción que parece de obligado cumplimiento es la subida en teleférico hasta las cercanías de la frontera con Eslovaquia, desde donde se aprecian unas maravillosas vistas del valle. Sin embargo, no quedaban asientos para subir el domingo, y tampoco se nos ocurrió mirarlo con antelación en la página web. Así que volvimos a coger el taxi dirección al parque nacional, aunque esta vez paramos a mitad de camino para coger otra ruta que iniciaba su camino desde un arcén de la carretera. La ruta de hoy es mucho más corta, de unas 4 horas, sin aparente complejidad: no tiene cuestas pronunciadas ni transcurre por zonas escarpadas, perfecta para llegar a mediodía, disfrutar de las vistas de la ciudad de Zakopane y terminar antes de las 16.00 de la tarde. Esta noche la dedicaremos a disfrutar del ambiente nocturno de esta villa de no más de 30.000 habitantes.
Nos duchamos y vamos a dar una vuelta para hacer estómago e ir a cenar a un restaurante típico recomendado por un amigo. Los precios en Polonia son bastante asequibles; se puede comer realmente bien sin exceder los 7 u 8 euros por persona. Aún así, decidimos darnos un homenaje y pedimos parrillada para tres: 12 € por cabeza… Los demás piden diversas sopas y algún que otro plato culinario de la región. Nos gusta tanto que incluso repetimos el sitio (Watra Restaurant) para comer a mediodía del lunes, justo antes de coger el autobús. De esta manera, con ganas de más y la promesa de volver, ponemos rumbo de nuevo a la ciudad de Lublin.

Vista del valle desde el pico más alto de la ruta